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En 1947, cuando Otto Frank autoriza la publicación del Diario de su hija Anne, nadie imaginaba la enorme trascendencia que el libro tendría en los años siguientes. 

Casi ningún otro relato de víctimas de la Shoah es tan conocido como el Diario de Anne Frank. Para muchos jóvenes de la generación de posguerra, este libro fue el primer contacto con los crímenes del período nazi.

Primeras repercusiones


Las reseñas de la primera edición de 1947 hablaban ya de una «maravilla», un libro «trágico como ningún otro», un «testamento moral» y un «documento humano y conmovedor». En los años cincuenta, el Diario desencadenó un primer debate sobre los crímenes del nacionalsocialismo. En los años siguientes, numerosas calles, plazas, escuelas y hogares infantiles recibieron el nombre de Anne Frank.
 

Tanto la pieza teatral como la película terminan con una cita del diario: «A pesar de todo, aún creo en la bondad de las personas». Esta frase ha dejado su huella en la imagen de Anne Frank, convirtiendo su historia de vida en una historia de esperanza y humanidad. En ese momento, se subrayó el papel de Anne como víctima de la guerra; sin embargo, así quedó en un segundo plano que la causa de la guerra fuera la política criminal y antisemita de los nazis, y que la niña judía Anne Frank hubiera agonizado hasta la muerte en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Estas primeras versiones escénicas y cinematográficas han contribuido significativamente a una recepción unificada del Diario.

Mirjam Pressler sobre el éxito del Diario.

Consideraciones recientes


El tratamiento de Anne y su historia está marcado por las preguntas que se le dirigen al texto. En los últimos años, investigadoras e investigadores han mostrado un creciente interés por el diario en sí, ocupándose de un análisis crítico del texto y su calidad literaria. A la luz de estas nuevas inquietudes, Anne Frank también se ha percibido de una manera nueva. En cuanto autora, ya no es solo una víctima indefensa del nacionalsocialismo, sino más bien alguien que reflexiona activa y críticamente sobre sí misma y sobre su vida como judía, como niña y luego como mujer en una situación sumamente frágil, peligrosa y crítica.

Acusaciones de falsificación


Con la creciente popularidad del Diario de Anne Frank gracias a las traducciones y, sobre todo, a la obra de teatro, desde mediados de los años cincuenta se alzan voces difamatorias que afirman que el Diario es una falsificación. Una de ellas, basada en una tosca mezcla de teorías, atribuye la autoría al escritor Meyer Levin.
 

Otto Frank y las demás personas que trabajaron en las primeras ediciones del Diario no tenían la conciencia profesional de editores experimentados. Les interesaba ante todo transmitir el contenido, y por eso estaban dispuestas a hacer ajustes con vistas a su objetivo: la publicación del Diario. En algunas ocasiones, según el idioma y la editorial, esto significaba suprimir o añadir pasajes. 
 

Además, las traducciones no siempre recurrían al mismo texto fuente: a veces era la versión C, de Otto Frank, y otras veces se usaba Het Achterhuis, la primera edición neerlandesa. Cuando algunos estudiosos comienzan a cotejar las distintas ediciones y traducciones del Diario, se encuentran con –a su criterio– incongruencias que utilizan para cuestionar la autenticidad del texto en su conjunto.
 

Sin embargo, en la década de 1970, una investigación realizada por la Oficina Federal de Policía Criminal de Alemania certifica que la tinta y el papel son anteriores a 1950. El informe también menciona que posteriormente se añadieron notas escritas con bolígrafo. Este hecho es sacado de contexto por un periodista e informado incorrectamente. El infundado artículo publicado en la revista Der Spiegel genera una nueva ola de rumores de falsificación: el Diario no sería auténtico porque los bolígrafos no existían antes de 1951.
 

Finalmente, en los años ochenta, otro crítico sostiene que el tratamiento de la sexualidad en el texto no es propio de una adolescente sino, más bien, la fantasía de un hombre mayor, lo que nuevamente apuntaría a la autoría de Meyer Levin.
 

Estas acusaciones provienen, por un lado, de quienes simpatizan con las ideas nacionalsocialistas, y se propagan, por otro lado, en los círculos de revisionistas estadounidenses y negadores del Holocausto. También algunos intelectuales antisionistas, de manera individual, contribuyen a que se difundan las dudas sobre la autenticidad del diario.
 

Para refutar las acusaciones, el Fondo Anne Frank encarga un estudio, en colaboración con el Rijksinstituut voor Oorlogsdocumentatie (Instituto Neerlandés de Documentación de Guerra): el examen de los materiales, los textos y el peritaje grafológico confirman la autenticidad del Diario en todos los niveles.
 

La edición crítica y anotada que se publicó en 1986 incluye por este motivo un resumen del informe de 250 páginas con los resultados del estudio.

A pesar de todas las evidencias y contradiciendo los hechos, el desdén ideológico por la verdad sigue alimentando los rumores.